La primera decisión fue el dashboard principal. La versión de ingeniería era técnicamente correcta — mostraba los datos. Era operacionalmente inútil — el analista construía mentalmente su flujo de trabajo cada vez que abría la plataforma.
El rediseño partió de una pregunta concreta: ¿qué tiene que saber el operador en los primeros 30 segundos de su turno?
La respuesta determinó la jerarquía: Estado general como señal dominante e inmediata. Total de vulnerabilidades con distribución visual por criticidad. Auditorías activas con progreso por tipo de sistema. Vista resumen con números de acción directa — activos, hallazgos corregidos, hallazgos pendientes.
Cada widget expandible mediante el botón +. El operador decide qué información necesita visible en cada momento sin cambiar de pantalla. Y puede reordenar las tarjetas según su flujo de trabajo real — el dashboard no es una pantalla impuesta, es un espacio de trabajo que el operador hace suyo.
Aprendizaje
El dashboard dejó de ser un inventario de datos y pasó a ser una superficie de trabajo. La jerarquía de información reemplazó la construcción mental del contexto. El operador llega, lee, decide.